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MUSEO CERRO COLORADO / CERRO COLORADO MUSEUM

CERRO COLORADO

Cerro Colorado es una pequeña localidad de aproximadamente 400 habitantes, emplazada en el norte de la provincia de Córdoba y distante a 160 km de la ciudad capital. En parte, se halla inserta en una Reserva Cultural y Natural que ocupa 3000 hectáreas de bosques serranos, los cuales integran un ecotono con el Bosque Chaqueño Occidental. Este distrito biogeográfico contiene numerosas especies vegetales con árboles de gran porte como el algarrobo, molle, mistol y quebracho, junto a diversos tipos de cactáceas y arbustos como el espinillo, garabato o piquillín. En el área también destacan los bosques de matos, árboles emparentados con los arrayanes patagónicos, característicos de las zonas de yungas y tierras bajas de Argentina. 

En términos arqueológicos posee uno de los repertorios de pinturas rupestres precoloniales y de inicios de la conquista española más importantes de Argentina, distribuido en decenas de abrigos, aleros, cuevas y paredones rocosos, que ocupan las laderas de los cerros Intihuasi, Veladero, Vaca Errana y Colorado. También se observan paneles pintados en elevaciones de menor tamaño como los cerros La Conga, Las Burbujas y Cóndor Huasi, entre otros. Estas elevaciones, con altitudes que no superan los 800 metros sobre el nivel del mar, forman parte del cordón de Ambargasta e integran las llamadas Sierras del Norte.

Este espacio nuclear, a su vez, está circunscripto por un área de amortiguamiento que ocupa 80.000 hectáreas y que sirve como contención y transición entre el espacio regulado de la Reserva y el territorio circundante. En este, la fauna es variada con algunas especies en delicado equilibrio, como el pecarí de collar, la tortuga terrestre o el gato de los pajonales. Entre los animales más frecuentes se observan corzuelas, pumas, zorros, iguanas, jotes, águilas escudadas y distintos tipos de lechuzas y búhos. También existe una amplia variedad de aves pequeñas como el cardenal, carpintero, reina mora, etc. Algunas especies representadas en las pinturas rupestres actualmente no habitan Cerro Colorado, como el cóndor y el guanaco, otras, incluso se hayan extintas en la provincia como el ciervo de las pampas, el jaguar y posiblemente la llama. 

 

CONTEXTO GEOLÓGICO

Las rocas predominantes en Cerro Colorado se denominan areniscas. A diferencia del basamento que conforma mayormente las Sierras de Córdoba y cuyo origen es volcánico, estas rocas son de origen sedimentario. Se trata de antiguos bancos de arena y lechos de ríos compactados, originados en el período cretácico de la era Mesozoica hace 145 millones de años. En ellos, la erosión pluvial y eólica generó un conjunto de aleros y cuevas que fueron utilizados por los antiguos habitantes del lugar, donde dejaron plasmadas miles de figuras que condensan fragmentos de realidades concretas y percibidas, las cuales narran historias y prácticas inherentes al mundo americano en momentos previos y durante los inicios de la conquista española.

 

CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

Las evidencias arqueológicas señalan que las ocupaciones humanas más tempranas registradas en la localidad datan de más de 5000 años de antigüedad. Sobre estos primeros habitantes sabemos que eran cazadores y recolectores, elaboraban cuentas confeccionadas con caracoles terrestres y enterraban a sus muertos en lugares específicos. Estas prácticas fueron replicadas durante milenios, y quizás, aquellas personas inhumadas en el inicio de esta tradición, por su condición de ancestros de quienes más tarde plasmaron las numerosas pinturas rupestres que hoy podemos apreciar, pasaron a formar parte del propio territorio. 

Hacia los primeros siglos de la era cristiana, las personas que habitaban y aquellas que eventualmente llegaban a Cerro Colorado como participantes de reuniones y festividades rituales, comenzaron a construir un paisaje altamente significante a partir de imágenes pintadas en las rocas. Escenas de caza, enfrentamientos y danzas incluyen a numerosas figuras ataviadas con vestimentas y adornos, entidades mitológicas y animales hoy extintos en el lugar. Este paisaje rupestre, caracterizado por una poderosa carga narrativa, perduró por más de un milenio hasta la conquista española, evento que también fue plasmado en las rocas y que significó la destrucción de numerosas formas de habitar y percibir el mundo entre las antiguas comunidades americanas. 

En el lugar se han documentado decenas de sitios rupestres, constituidos por millares de motivos pintados en rojo, blanco y negro. Estos colores eran aportados por pigmentos procedentes de la naturaleza y preparados en complejas mezclas que incorporaban sustancias minerales y orgánicas, estas últimas, utilizadas como aglutinantes y posiblemente obtenidas a partir de savias vegetales y grasas animales. Según estudios preliminares, el rojo debe su color a la presencia de óxidos de hierro como la hematita, mineral ampliamente distribuido en estas rocas sedimentarias, el blanco se preparaba a base de minerales de calcio como el yeso, en algunos casos con huesos molidos como aditivos, mientras que el negro correspondería tanto a minerales de manganeso como a carbón orgánico.

La antigüedad de las pinturas aún es motivo de discusión, aunque existen evidencias que sugieren una cronología tentativa. La representación de personajes portando arcos y flechas serían posteriores al siglo V d.C., momento en que el uso de este tipo de arma se habría difundido en el centro del país. La presencia de alfarería en los sitios rupestres y las evidencias de prácticas agrícolas, a partir de la identificación de granos de maíz y quinua, también se asocian con este período. En concordancia con estas evidencias, los fechados obtenidos en los sitios con pinturas rupestres se concentran mayormente entre los siglos VIII y XIII de nuestra era, mientras que las representaciones de conquistadores europeos permiten extender esta secuencia hasta el siglo XVI.

 

ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS

Su riqueza arqueológica recién se conoció públicamente en 1903, a partir de un artículo redactado por el escritor Leopoldo Lugones en el diario La Nación, en el cual expresaba su preocupación por salvar de la destrucción a “estas páginas de un misterio tan conmovedor”. 

En la década de 1920, visitó asiduamente la zona el anticuario escocés George Gardner, quien realizó el primer relevamiento de las pinturas rupestres. En su trabajo, publicado en 1931 en Gran Bretaña, propuso la primera clasificación de las imágenes y efectuó los primeros análisis sobre la composición de pigmentos, los cuales fueron pioneros en Argentina.

Entre 1934 y 1954 el ingeniero Asbjörn Pedersen decidió ampliar los relevamientos de Gardner, en un trabajo que incluyó el calco de millares de figuras plasmadas en un conjunto de láminas en escala 1:1. La utilización de un filtro infrarrojo capaz de detectar motivos poco visibles a simple vista le permitió completar algunas escenas rupestres, recuperando valiosa información que enriqueció el aporte de Gardner.

En 1957, a partir de un decreto provincial Cerro Colorado fue declarado Parque Arqueológico y Natural, siendo responsabilidad de la provincia de Córdoba su custodia y conservación. Poco después, en el año 1961 se declaró Monumento Histórico Nacional.

En 1992, mediante el Decreto Ley 2821 el gobierno de la provincia creó la Reserva y en el año 2013 inició un proceso de expropiación, cuya finalidad es la transferencia a la órbita pública de numerosos sitios arqueológicos en manos privadas.

A esta riqueza cultural se suma, además, la antigua casa que hoy funciona como museo y que perteneciera al reconocido escritor, cantor y compositor Atahualpa Yupanqui, uno de los mayores referentes nacionales e internacionales del folclore argentino. 

 

MUSEO 

En el Museo puede conocerse parte de la colección que alberga la institución, compuesta por artefactos líticos (de piedra), óseos, cerámicos y malacológicos (confeccionados con moluscos). Dichos elementos proceden de la Reserva y localidades cercanas, en general producto de excavaciones y prospecciones arqueológicas, o bien, entregas voluntarias realizadas por vecinos que las hallaron de manera fortuita. 

En la sala de exposición es posible acceder a un recorrido autoguiado que permite una aproximación al pasado de la región y a los modos de vida de las antiguas poblaciones originarias. Se aprecian, además, algunas copias de las láminas realizadas entre las décadas de 1930 y 1950 por el ingeniero noruego Asbjörn Pedersen y su esposa, la pintora Chela Gómez Clara. Tales láminas replican a escala natural algunos paneles con pinturas rupestres, respetando los colores del soporte y distribución de las figuras.  

Además de resguardar estos bienes culturales, la tarea del Museo excede ampliamente los límites de este espacio, ya que como museo de sitio proyecta su acción hacia el resto de la Reserva. Partiendo de una visión integral del patrimonio, el objetivo es colaborar con la investigación, conservación, interpretación y difusión del legado cultural de nuestros ancestros, en comunión con los elementos naturales que conforman el territorio.

En este marco el Museo desarrolla actividades y proyectos específicos, entre los cuales se mencionan:

- El proyecto educativo que realiza visitas guiadas a contingentes de docentes y alumnos, principalmente de cuarto grado del nivel primario y segundo año del nivel secundario, a los que se agregan algunos terciarios. Este conjunto constituye aproximadamente la mitad del flujo anual de visitantes, estimado en torno a las 30.000 personas.

- La difusión científica mediante charlas y exposiciones destinadas a escuelas de nivel primario y secundario, como así también a la comunidad en general. Con este criterio se realizan periódicamente en las escuelas del área de influencia de la Reserva, actividades de concientización sobre el cuidado de los recursos culturales y naturales.

- La formación de recursos humanos que incluye al personal del Museo como al cuerpo de guías privados (vecinos de la localidad que realizan visitas a los sitios arqueológicos como medio de ingreso económico) y la articulación, en coordinación con el personal de la Secretaría de Ambiente y autoridades policiales con jurisdicción en Cerro Colorado, para llevar a cabo el control de los sitios con bienes patrimoniales. 

- Tareas vinculadas al monitoreo y preservación de los sitios con arte rupestre. En los sectores críticos, destaca el diagnóstico sobre las alteraciones de las rocas que contienen a las pinturas realizado por especialistas del Laboratorio de Geoarqueología de la Universidad Nacional de Tucumán y la Universidad de Zaragoza (España), a partir de un convenio con la Agencia Córdoba Cultura. 

- La Investigación difusión sobre el pasado de la localidad, mediante estudios sobre distintas materialidades arqueológicas, contando con la colaboración de profesionales en el campo de la Arqueología, Geología y Biología. Actualmente se llevan a cabo estudios genéticos sobre restos sensibles pertenecientes a antiguos pobladores de la localidad, los cuales se enmarcan en otro convenio entre la Agencia Córdoba Cultura y el Laboratorio de Paleogenómica Microbiana del Instituto Pasteur (Francia).

 

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CERRO COLORADO

Cerro Colorado is a small village of approximately 400 inhabitants, located in the north of Córdoba province, 160 km away from the capital.

The village is inside a cultural and natural reserve of 3,000 hectares of mountain forests, which are an ecotone of the West Chaqueño Forest. This biogeographical district includes numerous plants, such as big trees, like the carob, the pirul, the mistol and the quebracho. There are also different types of cacti and shrubs, such as the espinillo, the garabato and the piquillín. In the reserve, you can find the mato forests, trees related to the Patagonian arrayans, which are found in the Argentinian yungas and lowlands.

Archaeologically speaking, Cerro Colorado has one of the most important repertoires of rock art in Argentina, dated from precolonial times and from the beginning of the Spanish conquest. It’s distributed along rock shelters, eaves, caves and sandstone walls in the hillsides of Cerro Inti Huasi, Cerro Veladero, Cerro Vaca Errana and Cerro Colorado. You may also find painted panels in lower mounds, such as Cerro La Conga, Cerro Las Burbujas and Cerro Cóndor Huasi, among others. These rising mounds, which don't go over 800 meters above sea level, are part of the Ambargasta range and form the so-called Sierras del Norte.

At the same time, this nuclear area is surrounded by a buffer zone of 80,000 hectares, a contention and transitional zone between the regulated reserve space and the surrounding territory. The fauna of this zone varies, and some species are in a fragile equilibrium, such as the collared peccary, the tortoise and the Pampas cat. Some of the frequently spotted animals include the brown brocket, the puma, the fox, the iguana, the black vulture, the black-chested buzzard-eagle, as well as different kinds of owls. There's also a wide variety of small birds, such as the cardinal, the woodpecker, the ultramarine grosbeak and others. Many of the species depicted on the rock art no longer inhabit Cerro Colorado, such as the Andean condor and the guanaco. Other species have gone extinct in the province, such as the Pampas deer, the jaguar and the llama.

 

GEOLOGICAL CONTEXT

The predominant rock in Cerro Colorado is sandstone. While rocks of volcanic origin (igneous or metamorphic rock) make up most sectors of the Sierras de Córdoba, the rocks of Cerro Colorado are sedimentary. These are sand banks and river beds that have been compacted, originally from the cretaceous period of the Mesozoic Era, which began 145 million years ago. Water and wind erosion formed a set of eaves and caves in which the ancient inhabitants portrayed thousands of figures that condense fragments of concrete, thought and perceived realities, which narrate stories and practices inherent to the American world previous to and during the Spanish conquest.

 

ARCHAEOLOGICAL CONTEXT

Archaeological evidence suggests that the earliest recorded human occupation dates back to 5,000 years ago. These first inhabitants were hunters and gatherers, they made necklaces with land snails’ shells and they buried their dead in specific spots. These practices were repeated during millenia and, perhaps, those people buried at the beginning of this custom became part of the land itself due to their condition of ancestors of those who later depicted the many instances of rock art we can appreciate today.

Towards the first centuries of the Christian Era, the people who inhabited and those who eventually got to Cerro Colorado, as participants of meetings and ritual festivities, began to construct a highly significant scenery based on the illustrations painted on the rocks. The hunting, confrontation and dance scenes include numerous figures dressed in garbs and adornments, mythological entities and animals which have since gone extinct. This prehistoric scenery, characterized by a powerful narrative charge, lasted more than one millennium, until the Spanish conquest. The conquest was also depicted on the rocks, and it meant the destruction of the ways of inhabiting and perceiving the world among the ancient American communities.

Tens of rock art sites have been documented, made up of thousands of red, white and black motifs. These colors came from natural pigments and were prepared in complex mixes made up of mineral and organic substances. The latter were used as a binder and possibly extracted from the sap of vegetables and from animal fat. The red color was obtained from iron oxide, such as hematite, a mineral widely distributed among these sedimentary rocks. The white color was based on calcium minerals, such as gypsum—in some cases, ground bones were added. The black color was made up of manganese minerals and organic coal.

The age of the paintings is still a matter of debate, although there’s evidence that suggests a tentative chronology. The portrayal of characters sporting bows and arrows would date from after the V century AD, a moment in which the usage of this type of weapon would have spread in the center of the country. The presence of pottery on the prehistoric sites and the evidence of agricultural practices—based on the identification of grains of corn and quinoa—are also associated with this period. In accordance with this evidence, the dating of the rock art sites is associated mostly with the period between the VIII and XIII centuries of our era, while the portrayals of European conquerors allow us to extend this sequence up until the XVI century.

 

ARCHAEOLOGICAL BACKGROUND

The village became known widely only in 1903, because of an article written by Leopoldo Lugones in the newspaper La Nación, in which he expressed his worries about saving “these pages of such a moving mystery” from destruction.

In the 1920s, George Gardner, a Scottish antiquarian, assiduously visited the area. He carried out the first survey of the cave art. Through the publication of his work, which came out in Great Britain in 1931, he proposed the first classification of the paintings and he analyzed the composition of the pigments, pioneer studies in Argentina.

Between 1934 and 1954, Asbjörn Pedersen, an engineer, decided to expand on Gardner’s surveys by tracing thousands of figures on a series of sheets on a scale of 1:1. By means of an infrared filter able to detect motifs that weren’t entirely visible to the naked eye, he could complete some of the prehistoric scenes, recovering invaluable information that complemented Gardner’s contributions.

In 1957, through a provincial decree, Cerro Colorado was declared an Archeological and Natural Park, which meant that its custody and preservation were the responsibility of Córdoba Province. Not long after, in 1961, it was declared a National Historic Monument.

In 1992, through Decree 2812, the provincial government created the Reserve, and, in 2013, it initiated an expropriation process, by which many archeological sites would be transferred from private hands to the public orbit.

Besides this cultural richness, there’s also the old house that belonged to Atahualpa Yupanqui, which operates as a museum today. He was a renowned writer and singer-songwriter and one of the most important national and international paragons of Argentinian folklore.

 

MUSEUM

In the exhibition room of our museum, you can check out part of our institutional collection, made up of lithic (made out of rock), osseous, ceramic and malacological (made out of mollusks) artifacts. These pieces proceed from findings in the reserve and nearby area. In most cases, they come from archeological excavations, from prospections (surface findings) and, to a lesser extent, from voluntary handovers from neighbors who found them by chance.

You can take a self-guided tour, which allows for contact with the past of the region and with the ways of living of some of the ancient native peoples. You can also see sheets that portray some of the cave art sites, accurately depicting the colors of the medium as well as the motifs, their distribution and scale. These sheets were created between 1930 and 1950 by Norwegian engineer Asbjörn Pedersen and painter Chela Gómez Clara, his wife.

Nevertheless, MACC’s duty amply exceeds the boundaries of this space, since, as a site museum, we extend our action to the different archeological sites included in the reserve. Based on an integral vision of the heritage, our objective is to collaborate with the research, preservation, interpretation and divulging efforts of the cultural heritage of our ancestors, in communion with the natural elements that make up the territory.

 

Taking all of this into account, the Museum carries out specific activities and projects, some of which are:

  • The educational project, which includes guided tours for groups of teachers and students, mostly in 4th grade of primary school and 7th grade of junior high school, as well as tours for some tertiary education students. This group makes up 50% of the annual influx of visitors (approximately 15,000 people).
  • Scientific divulging, through talks for primary schools and high schools as well as for the general public. For this purpose, activities related to the awareness about cultural and natural resources are carried out periodically at schools within the Reserve’s influence zone.
  • The training of human resources, which includes the Museum’s staff as well as private guides (neighbors who carry out guided visits to archeological sites as a means of income) and the coordination efforts with the Environment Secretariat’s staff and the police authorities of Cerro Colorado in order to monitor the cultural heritage sites.
  • The tasks related to monitoring and preserving rock art sites and to mitigating the erosion processes which alter the sandstone, through an agreement between Córdoba’s Culture Agency and the National University of Tucumán’s Geoarchaeology Laboratory, with the support of experts from the University of Zaragoza (Spain).
  • The research and divulging of information about the area’s past, highlighting the paleogenetical research of important remains belonging to the ancient inhabitants of the area, part of an agreement between Córdoba’s Culture Agency and Pasteur Institute’s Microbial Paleogenomics Laboratory (France).

 

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